Coaching personal: ¿El optimismo y el pensamiento positivo mejoran realmente la vida?

En una comida familiar, le dicen al niño: -Vamos a bendecir la mesa.
Éste responde con naturalidad: -No hace falta, mamá cocina muy bien.

¿Hasta qué punto las oraciones, las expectativas y los buenos pensamientos y actitudes tienen influencia en la conducta diaria, en los verdaderos logros y avances? Se preguntaba David Bartolomé en su blog, ¿puede la actitud positiva ayudar a salir de la crisis? Y lo hacia en el contexto de la ya conocida campaña estosololoarreglamosentretodos.org y cuyo vídeo os dejo aquí mismo. ¿Son las actitudes negativas o positivas causas o consecuencias?

En los últimos tiempos vivimos bajo el yugo del optimismo en píldoras y parece que la solución a todos los males es una “actitud adecuada”. El pensamiento positivo vende libros de autoayuda, consagra gurús y llena Twitter de frases hechas tan bienintencionadas como retuiteadas, pero sin efecto alguno sobre el cambio vital.

Si echamos un vistazo en profundidad a los éxitos supuestamente causados por las emociones del buen rollo nos encontramos que los factores claves del desarrollo profesional nada tienen que ver con el pensar bien sino con dos comportamientos muy concretos: definir objetivos claros, motivadores y ajustados al perfil personal y/o competencial (en sentido amplio) de cada uno; y la dedicación, el esfuerzo y la resistencia a la frustración adquiridas en las experiencias educativas y vitales, y no en ejercicios positivistas de un día para otro. El clásico estudio de Lewis Terman en 1921 (Universidad de Stanford)  sobre 1528 niños superdotados, reveló que la perserverancia y la tendencia a definir objetivos son más importantes, por ejemplo, que la mera inteligencia cuando se trata alcanzar logros.

El pensamiento positivo vende no porque funcione sino porque nos trae la idea de que nuestra vida puede mejorar “pensándola”. ¿Quién puede resistirse a ese bálsamo de fierabrás en cuya etiqueta reza que tu buena suerte es cuestión de actitud? El reverso aún más tenebroso de esta campaña es que la sociedad y la educación no son en absoluto responsables de tu mala situación, eres tú el que no gestionas bien tus emociones ante la vida. Es el lado negativo de pensar en positivo, en palabras de Barbara Ehrenreich:

“Si quieres controlar a la gente díles que piensen positivamente y que si su vida va mal es por su culpa.”

En fin, como me he decidido a intentar redactar artículos más breves, os dejó con algunas ideas que creo muestran la verdadera cara comercial del optimismo y del pensamiento positivo.

1. El verdadero pensamiento positivo tiene mucho más que ver con “comportarse positivamente” que con limitarse a “pensar bien”. Uno no puede elegir sus emociones a la carta ni escoger la actidud adecuada porque esos estados son consecuencia de lo que hagas, de lo que te pase y de tu estilo aprendido de vivir y afrontar. Si te sientas como te sientas o pienses lo que pienses haces lo que debes, lo que tienes previsto para hoy, aumentan las probabilidades de que las buenas emociones te acompañen. ¿Cuánto valen y para qué sirven realmente los consejos que te invitan a ser positivo? Cuantos más términos técnicos, trascendentes y optimistas utilicen los expertos, ya sea en orientación, coaching o consultoría, más probable es que te estén vendiendo la moto.

2. Si pensar en positivo es tan positivo, ¿por qué no nos ponemos todos a pensar en positivo y ya está? Porque pensar también es un tipo de conducta, en este caso verbal, y como cualquier otro comportamiento depende de las cosas que nos pasan, del contexto en que nos movemos, de nuestra historia de experiencias y de la educacion recibida. Pensar o sentir no son en muchas ocasiones causas de otros comportamientos sino meras consecuencias o correlatos. Vamos, que si te sientes bien es porque estás viviendo y haciendo aquello que lo genera. ¿Cuántas veces te levantas de mal humor, con emociones y pensamientos negativos y pesimistas, pero tras la ducha, los hábitos del día a día te llevan a hacer lo que debes y empiezas a sentirte mejor?

3. Las cosas pueden hacerse o no independientemente de lo que se piense o se sienta, aunque nuestra cultura occidental nos transmite la idea de que hay que tener un buen estado de ánimo y pensamientos positivos para actuar (en este sentido también puede ser interesante echar un vistazo a una definición operativa de la motivación). Pero no es que las emocionas influyan sino que nos educan para actuar en función de ellas, para depender de ellas. Las personas no dejan de ir al trabajo o de seguir con su vida habitual PORQUE estén deprimidas, sino porque han aprendido que estar desanimadas puede ser una excusa o una justificación para dejar de hacer lo que tienen que hacer, sean o no conscientes de esta relación.

Las mujeres de países en desarrollo gestionan mucho mejor los microcréditos que los hombres, porque aún en situaciones desesperadas siguen trabajando, siguen cuidando a sus hijos y manteniendo su hogar. La forma en que utilizamos las emociones es una cuestión cultural, no es una relación psicológica de causa-efecto. Podemos sentirnos mal y hacer nuestros “deberes” y, al contrario, sentirnos bien y olvidar nuestras obligaciones.

4. Uno no puede elegir cómo sentirse pero sí puede elegir qué hacer para sentirse mejor. Y eso tiene que ver con planificar para obtener logros y para alcanzar una vida cotidiana más satisfactoria. Recomendar pensar en positivo es muy fácil y manipulador, pero es muy difícil ayudar a definir y redefinir objetivos, a prevenir y superar problemas y a gestionar la productividad personal para convertir en hábitos comportamientos saludables y más efectivos. Ya lo dijo, supuestamente, Bertrand Rusell:

Un optimista es un imbécil simpático y un pesimista, un imbécil antipático, porque ninguno sabe lo que va a pasar.

Olvida la tarea imposible de intentar controlar tus emociones, tus pensamientos y tus actitudes, y concéntrate en organizar mejor tu vida.

¿Es positivo pensar de vez en cuando que se podría perder el empleo? Ser pesimista en este sentido es realmente efectivo porque posiblemente te lleve a seguir buscando alternativas profesionales aunque estés trabajando, a planificar y desarrollar competencias y metacompetencias profesionales alrededor de objetivos concretos y a mantener un saludable networking. Me quedo con el pesimismo estratégico, que no tiene nada que ver con sentirse mal ni con ser negativo, sino con prepararse para lo peor y así tener más posibilidades de disfrutar de lo mejor. Ser pesimista es guay 🙂

Tal vez la crisis sólo la podemos superar entre todos/as, pero desde luego no será con el pensamiento positivo sino con el comportamiento positivo. El problema es que la cosa no está muy clara. ¿Acaso sabemos cada uno qué hacer para ser parte de la solución y no del problema? ¿Reducimos gasto público y congelamos sueldos o eso ralentizará el consumo? ¿Precarizar más el mercado de trabajo mejorará la macroeconomía pero afectará en negativo a la calidad de vida de los trabajadores? El vídeo y la campaña estosololoarreglamosentretodos.org son simpáticos y mueven emociones, pero no dicen qué hacer, y el optimismo sin planes rigurosos no sirve de mucho. La buena noticia es que con planes rigurosos y esfuerzo el optimismo y el pesimismo emocionales son irrelevantes 😉

En fin, como dice el niño del chiste inicial, mejor será dejar de bendecir la mesa y de leer libros que recomiendan cómo bendecirla, y aprender a cocinar.

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