Las actividades de voluntariado, directas al currículum

En la Sesión Plenaria del 11 al 14 de junio, el Parlamento Europeo presentó un documento en el que, como principal medida, se pedía las acciones de voluntariado fueran tenidas en cuenta, posteriormente, como experiencia profesional.

En mi opinión yo creo que se deberían incluir como experiencia profesional. Es más yo creo que es importante incluirla. De hecho yo este año he estado como voluntaria. Estuve dando clases de Catequesis. Y para mí ha sido una experiencia muy gratificante. Es cierto que no ves un duro, pero cuando empiezas voluntariado el dinero no es lo importante. Más bien lo que buscas es  tener una experiencia más en un sector totalmente distinto a tus estudios. En este caso, la enseñanza.  Y a mi esa experiencia me ha enriquecido mucho. Aprendes a trabajar en grupo, a compartir, aprendes a escuchar, aprendes a hablar en público, aunque mi público era especial, un grupo de niños entre 6-7 años.

También tuve la gran suerte de poder usar una habilidad, que en otras experiencias profesionales de mi sector no he podido realizar, y es la CREATIVIDAD. Cada día buscaba una manera distinta de exponer el tema en clase. Con el objetivo de que fueran clases entretenidas, grupales y divertidas a la vez que aprendían.

Creo que todo ese tiempo que estuve como voluntaria me ayudará a la hora de buscar empleo en el Sector de la Administración. Y me parece una buena opción optar por el voluntariado si además estás en desempleo, y puedes optar por vivir una temporada cobrando del paro mientras sigues buscando empleo relacionado con tus estudios. Además de que  es una buena manera de que vea el entrevistador que en todo este tiempo te has mantenido activa.

Para concretar más sobre éste tema os informo que más cien millones de Europeos participan en actividades de voluntariado en el continente, lo que supone hasta el 5% del Producto Interior Bruto ( PIB) de la Unión Europea. Por ello, la propuesta del Parlamento Europeo pasa por la creación de un portal web de ámbito europeo sobre voluntariado transfonterizo, así como por la implantación de un pasaporte europeo de voluntario que, según el propio Parlamento, «podría hacer más fácil el intercambio transfronterizo de actividades solidarias».

El eurodiputado italiano del grupo del Partido Popular Europeo Marco Scurria afirma que «el voluntariado supone una oportunidad para fomentar el intercambio de jóvenes europeos, pero los voluntarios transfronterizos siguen encontrando obstáculos en la burocracia y las barreras lingüísticas». Así, la creación de un pasaporte europeo para voluntarios, como solicita la propuesta del Parlamento Europeo, facilitaría el reconocimiento de las competencias adquiridas a través del voluntariado. Al mismo tiempo, el propio Scurria, en su informe, propone la «creación de un cuerpo voluntario europeo de ayuda humanitaria que seleccione, forme y envíe voluntarios para prestar apoyo a organizaciones locales en caso de desastre natural».

El concepto que tenemos del voluntariado en España difiere ligeramente del europeo. Nuestra Ley 6/1996, de 15 de enero, del Voluntariado, lo define como «el conjunto de actividades de interés público, desarrolladas por personas físicas, que no se realicen por relación laboral, funcionarial, mercantil o cualquier otra retribuida». Esta definición entronca claramente con la opinión de Mar Amate, Directora Gerente de la Plataforma del Voluntariado de España, en el sentido de que «la actividad voluntaria debe ser de carácter altruista y solidario, y su realización debe ser libre, sin obligación personal ni deber jurídico».

Para MarAmate, existe un doble riesgo a la hora de que las acciones voluntarias sean tenidas en cuenta como experiencia profesional. Aunque reconoce que «en principio estamos totalmente de acuerdo con que se reconozcan estas actividades y siempre hemos trabajado por el reconocimiento de su papel en la sociedad, tenemos que ser muy cautos, y no debemos permitir que se confunda ese reconocimiento con una recompensa». Para la Plataforma, el voluntariado es una acción libre y altruista, que no debe asociarse a una promoción de la empleabilidad».

Pocos españoles

La población española que desarrolla actividades voluntarias es de más de cuatro millones de personas –4.170.043 exactamente, según los datos presentados a modo de conclusión por la organización del Año Internacional del Voluntariado 2011–. De ellas, se calcula que el 63,1% son mujeres y el 36,9% son hombres. Aunque parecen datos satisfactorios, no lo son tanto si los contrastamos con los de la encuesta del Eurobarómetro, en los que aparecemos entre los últimos puestos entre los estados miembros en función del porcentaje de población que realiza actividades de voluntariado. Formamos parte del grupo por debajo del 20%, junto con países como Grecia, Bulgaria o Rumanía. Pese a nuestros cuatro millones largos de voluntarios, todavía estamos lejos de la media del 34% de la Unión Europea.

Los ámbitos en los que encontramos un mayor número de voluntarios en el marco de la Unión Europea, y siempre de acuerdo a los datos del Eurobarómetro, son los relacionados con el deporte –el 24% de los voluntarios– y la cultura –20%–. Las actividades solidarias y relacionadas con la ayuda humanitaria ocupan la tercera plaza del ranking, con un16%de los voluntarios. Le siguen otras, como organizaciones vecinales –13%–, religión –12%– o medio ambiente –7%–. Predominan los sectores en los que, efectivamente, los voluntarios pueden llevar a cabo tareas que les enriquezcan personal y profesionalmente y que, a la postre, les sirvan para formarse e incrementar su empleabilidad.

Según Mar Amate, de la Plataforma del Voluntariado de España, «el Parlamento Europeo confunde la acción solidaria con una falta de preparación y de formación», dado que quiere transformar lo primero en lo segundo. Pero en España, explica, «hay muchas personas muy bien preparadas y formadas que han decidido dedicar la parte de su tiempo y su esfuerzo que pueden o que quieren a una causa solidaria». Por ejemplo, un colectivo voluntario cada vez más en auge es el de los mayores de 65 años. «Evidentemente, estas personas no están vinculadas a la necesidad de incrementar su empleabilidad ni tienen problemas de falta de experiencia », explica Amate.

 

 

 

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