El laberinto de la tarjeta sanitaria

¡Qué impotencia siento, al leer esta noticia en el correo!, me parede increible.

El laberinto de la tarjeta sanitaria«Soy de aquí de toda la vida, he cotizado durante quince años, llevo dos en el paro y ahora me vienen con estas… Me están volviendo loco…» Alberto C., 42 años, no da crédito a lo que le sucede. En junio se percató de que su Tarjeta Individual Sanitaria (TIS) de Osakidetza había caducado, así que acudió a su centro de salud, en el barrio bilbaíno de Santutxu, para renovarla. «Me atendieron muy bien, me dieron una cartulina provisional para tres meses y me dijeron que la definitiva me la enviarían a casa antes de que concluyera el plazo». Pero ese periodo estaba a punto de finalizar y a su buzón no llegaba nada. Por este motivo, volvió al ambulatorio hace una semana. «Me dijeron que mi situación había cambiado porque se me había acabado la prestación y que, por tanto, para hacerme la tarjeta tenía que pasar antes por el Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS)».
Alberto está lo que se dice ‘cabreado’. «Encima de que te quedas en paro, que no hay trabajo por ningún lado, ahora me vienen con esto, con que tengo que ir al INSS… No entiendo nada». Su enfado lo comparten miles de personas en su misma situación. El real decreto ley del Gobierno central, del mes de abril, con medidas para la sostenibilidad del sistema sanitario establece que solo el INSS tiene potestad para verificar si un ciudadano es asegurado o beneficiario del Sistema Nacional de Salud. Por tanto, antes de conceder una tarjeta a alguien que no cotiza, el organismo estatal tiene que certificar su situación.
A efectos prácticos, a ningún ciudadano español se le niega la acreditación para poder ir al médico. La única diferencia respecto a meses precedentes es que su tramitación resulta más compleja para algunos colectivos. «Deben de pensar que como los parados no tenemos nada que hacer, así nos mantienen entretenidos, de ventanilla en ventanilla», se enfada Alberto C., soldador y chófer de camión en paro que acaba de solicitar la Renta de Garantía de Ingresos para vivir.
Además de los parados sin prestación, deben pasarse por el INSS para conseguir la TIS todos los mayores de 26 años que nunca han cotizado -algo muy común dado el nivel de paro juvenil-, siempre que no sean rentistas con ingresos superiores a los 100.000 euros anuales.
La misma situación afecta a los cónyuges que no coticen de una persona asegurada. Es más, los excónyuges, si tienen derecho a percibir una pensión compensatoria, figuran como beneficiarios de la tarjeta de su antigua pareja. Esta medida ha sido muy criticada por colectivos feministas, en la medida que supone vincular a uno de los miembros del matrimonio -por lo general, la mujer- a su ‘ex’.
La directora de Aseguramiento y Contratación Sanitaria de Osakidetza, Patricia Arratibel, comprende el enfado de Alberto y de otras personas en su situación, pero recalca que el Gobierno vasco no puede hacer nada para facilitar el trámite. «Nos han quitado la competencia para decir quién es usuario del Sistema Nacional de Salud. Antes de expedir la tarjeta, tenemos que tener el certificado del INSS», recuerda.
Estudios en el extranjero
Arratibel reconoce que se están dando muchas incidencias porque «los sistemas de información de todas las administraciones implicadas en el trámite no son tan robustos como para resolver cualquier situación». Y es que la casuística es de lo más variada porque las situaciones de las personas cambian de un día para otro, pero las bases de datos no recogen esas modificaciones. Un ejemplo: cuando un parado que ha dejado de percibir el desempleo tiene derecho a la prestación farmacéutica gratuita, al igual que los familiares a él adscritos. Para que esto sea así, los sistemas informáticos de las administraciones involucradas en aclarar su situación -Seguridad Social, Lanbide, Osakidetza- deben estar al día, lo que no siempre ocurre.
La entrada en vigor de la nueva normativa también está suponiendo un verdadero quebradero de cabeza para los mayores de 26 años que no han cotizado y viajan a un país europeo a estudiar. Hasta ahora conseguían la Tarjeta Sanitaria Europea (TSE) para dos años sin ningún impedimento, pero desde el 1 de septiembre, al figurar como personas desempleadas sin ingresos, solo obtienen una acreditación tipo turista; es decir, para tres meses. «Y claro, cuando alguno de estos jóvenes quiere ir a un país europeo a estudiar un máster, lo normal es que sea por medio año o un curso completo, con lo que se organiza una ‘movida’. Todo esto está complicando mucho las cosas a la gente. Pero nosotros no podemos hacer nada», se disculpa Arratibel.
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