¿Mandas o convences?

 

 

La forma con la que nos comunicamos es muy importante y crea un estilo de interrelación que puede llegar a ser fundamental en los comportamientos, con sus consecuencias.

Los que tienen la capacidad para dirigir, ordenar o encauzar la vida de otros, les conviene reflexionar sobre el tono y el estilo que utilizan porque todo ello configuran el envoltorio de su comunicación. Por lo tanto, el tono de voz, los gestos faciales y corporales en muchas ocasiones determinan el contenido real de lo que se dice. Lo que realmente capta el oyente son el volumen y la entonación de la otra persona, así como la gesticulación que adopta mientras se le habla.

La forma pasa a dominar el fondo del mensaje. La forma se convierte en el fondo.

yo suelo decir que no es lo que dice sino el como lo dice.

Con el tiempo hace que el interlocutor fije a quien habla una personalidad y un estilo que puede ser determinante en una relación: por eso a veces etiquetamos a la gente de amables, déspotas o despreciable…

Por eso mandar y convencer son polos opuestos. Mandar es conseguir que otro cumpla lo que se le ordena y convencer es educar a otro para que haga lo que conviene. Mandar excluye de pensar, crear y proponer a todo aquel que no tiene el control. Convencer es abrir túneles y galerías hasta llegar al acuerdo. Por tanto no ordenamos: educamos. No imponemos: compartimos.

 

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