Yo influyo, tu influyes, el/ella influye, nosotros influimos, vosotros influís, ellos/as influyen.

 

Todos ejercemos una influencia en nuestro entorno cercano. El ambiente es como palanca que podemos trabajar para conseguir mas resultados con mucho menos esfuerzo.

Los lugares donde se vive, y se trabaja, el barrio y el vecindario, la tecnología, los conocidos, el contacto en redes sociales, los horarios y los hábitos. Las creencias, la formación, e información o los conocimientos.

Todas estas circunstancias puede jugar a favor o encontrar de uno, inspira o deprime, nutre o envenena. ¡Y claro!, también existen entornos neutros, pero esa misma razón hay que evitarlos tanto como los que nos perjudican.

No es posible prescindir de los ambientes, pero sí elegirlos teniendo en cuenta sus efectos.

Los entornos materiales y personales son visibles y evidentes aunque tal vez no sus efectos. Otros son más sutiles, pero influyentes.

Por eso mismo es importante aprovechar los influencias positivas externas para reforzarse.

El lugar donde una persona vive ejerce una influencia enorme en ella: da energía o se la quita. No es un tema de dinero de propiedad o de lujos. Es cuestión de que cualquier cosa que entre en casa esté en coherencia con el resto de objetos y con la persona que habita en ella.

El lugar donde se trabaja y en el que se pasa tantas horas al día también es importante. Influye en el rendimiento del trabajo y en el la felicidad de las personas Muchas veces no podemos cambiarlo, ya que las oficinas o instalaciones son las que son. Pero podemos influir en mejorarlas y si no es así siempre está en nuestra mano dejar el trabajo cuyo entrono es molesto, desagradable, tóxico o desmotivador.

Un sueldo no lo justifica todo. Muchas veces valoramos más el sueldo, las vacaciones, los ascensos o la cercanía que el entorno de trabajo en sí. Relacionarse con gente positiva es una receta para la felicidad que no siempre se tiene en cuenta.

Muchas veces, las personas que no hemos elegido, pero que forman parte de nuestro círculos (familia política, compañeros de trabajo, o vecinos) parecen imposibles de evitar. Tal ven no podemos decidir si forman parte de nuestra vida, pero sí tenemos la capacidad de minimizar su efecto o incluso evitar su trato si su influencia es muy negativa.

La influencia de las personas es inevitable y silenciosa, se acumula con el tiempo, pero sus efectos acaban siendo muy visibles a la larga.

Cada amigo, o conocido deja una pose de mayor o influencia o menor.

A veces conservamos la amistad de algunas personas solo porque en el pasado fuimos amigos y nos sentimos empujados seguir siéndolo. Pero la gente cambia con los años, y es lógico que las amistades también cambien, sin obligaciones ni deudas de amistad.

No se trata de no quererlos sino de no tratarlos con tanta frecuencia y hacer espacio para compañías diferentes.

Muchos de nosotros vigilamos lo que comemos pero no dedicamos el tiempo suficiente al cuidado del espíritu. Y es increíble.

Deberíamos cuestionar que permitimos que entre en contacto con nosotros, y que no. Porque todo eso puede alimentar o envenenar la mente. Ya que se expande o se contrae.

Cuando una mente se expande, ya no vuelve a su tamaño anterior y sus posibilidades aumentan en consecuencia.

¿Y tú de que forma influyes en los demás? ¿Hay alguien que has decido no tratarla con tanta frecuencia?

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