Todo nos parece poco

A veces, en la vida, nos encontramos en situaciones que nos cortan en seco. Somos seres que, sin darnos cuenta, nos automatizamos para costumbres diarias. Precisamente esa costumbre y habito se perciben con poco interés, y no le damos importancia. Y muchas veces lo hacemos con desgana y por debajo de su importancia.

Nos sentimos gente sin importancia y con costumbres aburridas. Nos sentimos torpes y de poco interés. Y no se suele hablar de ello porque parece absurdo.

Tal vez las metas están mucho mas allá de donde estamos ahora.

Todo nos parece poco y ya hemos agotado los recursos.

Nos parece imposible enfocar la vida de otra manera. Nos damos por vencidos y nos adaptamos lo que ya tenemos sin intentar mejorarlo: aunque lo hagamos de mala gana, es lo que hay, nos hace falta.

Ya no intentamos mejorar nada, nos conformamos con mantenernos y a todas horas nos lo repetimos hasta la saciedad, “con lo que me cuesta mantener todo lo que me rodea tengo bastante”. Más que la frase en sí, es la intención que sentimos.  Y nos condicionamos y nos limitamos. Vamos nosotros como corderos.

Nos desmoralizamos fácilmente con cualquier duda, por pequeña que sea, y aunque esté todo inventado, queda mucho por hacer. Poco a poco, a lo largo de nuestras vidas terminamos por decir: “Bueno, podría haber sido peor”.

Todo lo que tenemos nos parece poco o insuficiente. Nos esforzamos por mantener todo aquello que no es de nuestro completo agrado.

Pensamos que ya no somos capaces ni de mantener aquellas obligaciones básicas para nuestra existencia. Y nuestra existencia se hace cada vez más pesada. Pensamos que para los que nos rodean es como una losa de responsabilidad que nos cargamos en la espalda. Es como decirnos que si antes éramos unos inútiles, ¿qué es lo que somos ahora?, ¿para qué valgo yo?,¿de que sirvo en esta vida? Entonces empezamos a caer, encerrarnos en nuestro secreto mundo donde no permitimos que nadie más habite, donde no permitimos que entre la luz para no ver la realidad, donde nos ahogamos en nuestra penas con lágrimas secas, que duelen más. Un mundo donde piensas en temas que antes nunca se te habían ocurrido que existían.  Un mundo terco que solamente piensas en destruirte y desaparecer.

Entras en una etapa de tu vida donde la moral ya no existe, donde la vida se limita a pasar el tiempo sin sacar nada de él. Y te das cuenta que muchas de las limitaciones que tienes son mentales, aquellas que nos imponemos nosotros y todas aquellas que no nos molestamos en buscar, porque lo único que nos vale en esta vida es lo que tenemos y, si ahora no podemos hacer lo  que queremos, ya nada merece la pena. Nos resignamos.

Y a veces me parece un poco extraño
dar tanta explicación a los demás
que te digan que se dice y que comentan
que ya no eres igual, que estas peor
Y a veces me parece un poco extraño
que nos preocupe tanto el qué dirán
o si te creen feliz
Ya no quiero que me encuentren
quiero ser feliz

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s