Vive el trabajo con el corazón

 

De jefe no se puede cambiar, tampoco podemos cambiar a nuestro compañeros, y tampoco podemos hacer nada para que varíen nuestras condiciones laborales. Pero nuestra satisfacción e insatisfacción no tiene que ver con nuestras circunstancias, sino mas bien con la actitud que tenemos frente a ellas.

Existen cuatro niveles que a continuación voy a describir:

PRIMER NIVEL: Los que “ odian lo que hacen”. Es decir, a todos aquellos que no solo detestan su empleo, sino también la cantidad de dinero que perciben por sus servicios. Y no intentan disimular su descontento para con la empresa en las que trabajan. Están enfadados con el mundo y convencidos de que son victimas de ese sistema.

SEGUNDO NIVEL: Representa a quienes “ cumplen con lo que deben” y con este caso las emociones son las de impotencia, y en general no saben lo que le gustaría hacer con su vida laboral o simplemente no se atreven a salir de su rutina, terminan marchitando su ilusión y consumiendo su energía y si pudieran permitirse el lujo de no trabajar, lo harían. Conciben el trabajo como un tramite para ganar dinero para pagar facturas. Mientras que otros, prefieren rellenar quinielas, o jugar a la lotería, esperando un boleto ganador les salve de su esclavitud económica en el que se encuentran. Y como nunca premia, su grado de enfado aumenta.

Al llegar las vacaciones desean hacer tantas cosas que terminan estresados y con ansiedad. Cuando después vuelven a la rutina laboral sufren el denominado “ síndrome postvacacional” y los primeros días padecen de insomnio, perdida de apetito y falta de concentración.

Aunque la mayoría de la gente, asocia el trabajo como cumplimiento de un deber o una obligación, podemos convertir nuestra tarea en una forma de expresar lo mejor de nosotros mismos.

Con la crisis económica, estamos obligados a trabajar o sobrevivir “ de lo que hay”, de un mercado laboral muy empobrecido.

Desde mi experiencia, me ha tocado hacer de todo y a pesar de mi timidez al principio, he conseguido dar lo mejor de mi. He vivido, la cruda experiencia de tener que acercarme a gente sin conocerla, he aguantado quejas, malas caras, pasotismo, falta de interés por conocer lo que haces, o lo que se puede conseguir…

Pero siempre, he tenido la mejor de mis caras, hiciera lo que hiciera. Por tanto este sería el TERCER NIVEL: donde están las personas que “aman lo que hacen” aquellas que aunque no se dediquen a su profesión soñada tratan de dar lo mejor de sí mismos, y poner buena cara. Se caracterizan por ser personas positivas mientras trabajan. Y no precisamente porque ejerzan tareas divertidas. Se trata de una actitud.

Las personas que aman lo que hacen convierten los problemas laborales en oportunidades de aprendizaje. Son personas que en vez de quejarse o protestar por lo que les falta o lo que no tienen, valoran y agradecen cosas provechosas que les aporta actualmente el trabajo.

Y en el CUARTO NIVEL se encuentran aquellas personas que “hacen lo que aman” son aquellas personas que desarrollan una actividad o servicio y contribuyen  a mejorar la vida de los demás. Se nota que respetan el trabajo que han escogido y hablan con entusiasmo. Lo que hacen lo hacer por vacación.

Por eso mi conclusión y por mi experiencia es realizar cualquier trabajo con ganas, como si te fuera la vida en ello, como si fuera el trabajo soñado.

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