En el metro

Sentada en el tren, veo a la gente con prisas, a ese trabajo como rutina. Las caras son serias, y la indiferencia y el desgaste de ayer se nota, se dibuja en cada cara de los pasajeros.

A veces me pregunto cómo es posible que los humanos lleguemos a ver la vida como una página más que debemos rellanar, como si de un formulario se tratara por obligación.

Sigo observando y veo pequeños detalles dentro del transporte público. Una chica joven, sonríe, mira el móvil, ese artilugio que cada dos segundos es el centro de atención. Claramente, es el novio, lo supe por su forma de sonreír. Una persona que a la vez que provoca sonrisas, provoca también lagrimas y alguien que arranca el motor de la adrenalina, ese amor loco que todos tenemos a los 20 años, ese inocente coqueteo, ese aprendizaje sin fin en el que nos movemos y que un día, como todo lo que vale la pena, le deja porque anoche bebió una copas demás y se perdió con una chica y ha comprendido que no está preparado para atarse. Algo que solo se siente a esa edad.

En el otro lado, un chico de unos 30 años vestido con una chaqueta, se la desabrocha con desdén queriendo deshacerse de la vestimenta, mira el reloj esperando llegar a casa a la hora de siempre. Resopla. Su imagen es el vivo retrato de una responsabilidad no deseada,  pero que la asume.

Y al lado de mi, hay una señora mayor con su nieta que le cuenta con entusiasmo lo que ha hecho en el colegio. Cuando una aun no ha vivido, tiene muchas preguntas e incógnitas que merodean por su cabeza que quiere experimentarlas todas. La abuela se ríe porque ella esta en otra fase, se le nota que su vida se llena cuando la nieta le cuenta lo aprendido en clase y le revela sus sueños, esos que a medida que se haga mayor le demostrarán cuando eran sueños y  cuando realidad.

Yo solo soy una pasajera  mas  de 30 años, que observa, que vuelve a casa  después de las clases de Inglés, y con un empleo de fin de semana. Aun conservo esa pasión por vivir experiencias.

Por eso creo, que nunca hay que dejar de observar. Yo me bajo en mi parada y mi camino continua, siempre hacia adelante.

Esta es mi historia en el metro. Espero que os guste. Y que vosotros cuando subáis a un transporte publico observéis que hay algo mas que una página por rellanar.

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